• Imagen: Cosmos-A

    COSMOS

    Producida por Paulo Branco y rodada en Portugal, COSMOS es una adaptación libre de la
    novela homónima de Witold Gombrowicz, que parte como una intriga policial donde se da
    seguimiento a una serie de pistas, muchas de ellas irrelevantes, que permiten establecer
    correspondencias y oposiciones entre las mujeres, bocas, animales, sueños, o situaciones.
    El hallazgo de un gorrión colgado de un árbol es la pista que lleva al escritor joven y su
    amigo (gran pareja cómica a la manera de los personajes de Beckett), quienes llegan a una
    casa de clase media “burguesa” como inquilinos, a ahondar en esta investigación
    motivadora y pasional.

    Zulawski, director entre otras de “Posesión”, “Mis noches son más bellas que tus días y “La
    fidelidad”, estas últimas protagonizadas por Sophie Marceau, es un cineasta reconocido
    por dramas tormentosos de cariz freudianos o épicas en tiempos de oscurantismo. En
    COSMOS mantiene el espíritu de la novela de Gombrowicz, y libera una clara influencia del
    humor a lo Samuel Beckett o Eugene Ionesco, dotando a la historia de una intención que
    la hace ir más allá de lo grotesco, ahondando en las posibilidades de puesta en escena y
    narración para construir una idea de realidad.
    La forma del relato es constantemente corrompida, sobrepasada, subvertida, propiciando
    este nuevo cosmos, devenido en caos y libertad. La casa, habitada por una doméstica
    vestida de monja y de labio extraño, por una hija maniática y enajenada, por una madre
    absorbente y gritona, por un padre vivaz y sibarita, y un novio casi invisible, es el espacio donde se forma una analogía de un mundo excesivo, gobernado por el sin sentido.
    Zulawski mantiene esta histeria inherente a su cine, en ese desborde de sentimientos y
    pasiones, en esa expresividad de los gestos de ira, extrañeza o frustración, pero desde lo
    cómico y burlesco, desde la exageración y lo teatral.

  • “En un documental sobre su obra, Pedro Costa explicaba que hacer cine es muy sencillo: uno se levanta, va a la locación correspondiente, filma hasta que se hace tarde, se edita el material rodado y se vuelve a preparar todo para el día siguiente. Con esta cándida declaración, el autor portugués dejaba en claro una ética que lo llevaría a realizar, entre otros títulos, Ossos (1997), No quarto da Vanda (2000) y, más tarde, Juventude em marcha (2006); películas que mostraban a los personajes del ya desaparecido barrio de Fontaínhas en sus vidas diarias y pesares. En Cavalo Dinheiro, Costa retoma la figura de Ventura, aquel albañil inmigrante que en Juventude Em Marcha deambulaba como un fantasma por un mundo que ya no era el suyo. Esta vez, los fantasmas son otros y provienen de un pasado que dejó heridas ya imposibles de borrar. Así como John Ford mostraba la historia de todo un pueblo a través de un personaje, Costa, junto con Ventura (y también Vitalina y Tito), hace algo similar: retrata una forma de vida (y, a la vez, de hacer cine) que parece extinguirse o desaparecer entre las sombras.”
    – Marcelo Alderete.